Biorritmos: La importancia de los Ciclos naturales para nuestra Salud

Mientras los hombres más se liberan de la sumisión a los ciclos externos de la naturaleza, recayendo en ciclos sociales variables creados por ellos mismos, más aumentan el riesgo de sufrir trastornos internos.

Ciclos, Ritmos y la salud

El doctor L. Dossey, en su libro Space, Time and Medicine, concluye que “muchas enfermedades, tal vez la mayoría, podrían ser causadas por percepciones incorrectas del tiempo”. Algo similar señalan P. Zimbardo y J. Boyd en su libro The Time Paradox: “Una serie de problemas fisiológicos y psicológicos pueden sobrevenir cuando uno no vive en armonía con el tiempo”.

La naturaleza puede ser vista como un concierto de ciclos, más o menos afinados y sincronizados, corriendo en paralelo. Imagina un río en el que se arrojan varias piedras, cada una de ellas genera ondas sobre la superficie, muchas de las cuales se entrecruzan, además de estar también embebidas en el propio flujo del río. Así, toda la vida y la materia misma se mueven en ciclos: “ondas ondeando dentro de ondas”, como notara el médico Irving Dardik.


Vivimos inmersos en ciclos galácticos, solares, planetarios que tienen su microcosmos en ciclos bioquímicos, glandulares, hormonales, celulares.


El cuerpo humano está basado en cientos de ciclos simultáneos que oscilan y forman bucles de retroalimentación entre sí y con los ciclos del medio ambiente. Ciclar es la forma en la que un organismo se autorregula y se renueva; es lo que permite que ahorre energía y catalice esfuerzos. “Retornar es la característica principal del Tao”, dice el Tao Te Ching.

El funcionamiento de nuestro cuerpo está vinculado a estos ciclos, que pueden dividirse en circadianos (un día), ultradianos (menos de un día) e infradianos (más de un día). Por más que podamos adaptarnos a los horarios de oficina, a los requerimientos de nuestro jefe de trabajo o a vivir siempre conectados a través de nuestros gadgets, es muy probable que nuestro cuerpo funcione mejor cuando escucha sus propias necesidades y se mueve en sintonía con las estaciones y con los ciclos naturales con los que ha evolucionado simbióticamente. Después de todo, la vida lleva trabajando unos 4 mil millones de años bajo estos ciclos y estos ritmos. Desfasarnos y nadar en contra de las olas nos hace gastar energía, afectar nuestra salud y puede acabar enfermándonos, algo que ha empezado a descubrir la cronobiología.


La forma en la que el tiempo y los diferentes ciclos afectan los procesos biológicos humanos es innumerable.


Una de las formas más conocidas es la relación entre el ritmo circadiano y la producción de melatonina, la cual se incrementa en la noche. Alterar nuestra producción de melatonina puede afectar seriamente nuestra calidad de sueño, lo cual a su vez tiene un efecto directo en el funcionamiento de nuestro sistema inmune. Pero el tema es mucho más complejo e interrelacionado, sabemos, por ejemplo, que perturbaciones geomagnéticas afectan la secreción de melatonina. Una tormenta solar puede afectar cómo duermes o incluso lo que sueñas esta noche (tormentas solares que a su vez siguen un patrón relacionado con los ciclos de las manchas solares, el llamado ciclo de los 11 años). Además de la melatonina, el cortisol, la prolactina y otras hormonas también oscilan durante el día y se ven afectadas por ciclos ambientales. Otros de los relojes biológicos que regulan muchos proceso psico-físico es la Luna, con su ciclo de 28 días y sus 4 fases. Es posible armonizarnos con nuestro propio ciclo natural a través del trabajo interior mediante ciertas técnicas de la psicología holística.

Pareciera que aquel antiguo axioma hermético sintetiza estos nuevos descubrimientos al afirmar en el Kybalion que: “Todo fluye y refluye; todo tiene sus períodos de avance y retroceso, todo asciende y desciende; todo se mueve como un péndulo; la medida de su movimiento hacia la derecha, es la misma que la de su movimiento hacia la izquierda; el ritmo es la compensación.”

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