Los Efectos de la Compasión en el Cerebro por el Dalai Lama

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En esta conferencia del Dalai Lama, el máximo líder del Budismo a nivel mundial reflexiona en torno a la práctica de la compasión y sus efectos en la química cerebral.

En 2010, el Dalai Lama pasó seis días en la Universidad de Standford, donde basó sus pláticas y actividades en la teorización de la práctica de la compasión.

En una de sus conferencias, dada en el Center for Compassion and Altruism Research & Education de Stanford, el líder espiritual del Tíbet habló ante siete mil personas, incluidos importantes investigadores de distintas ramas de la ciencia (psicólogos, neurocientíficos, médicos y economistas, entre otros), sobre las implicaciones neurológicas de practicar la compasión.

Desde la perspectiva budista, la compasión es un sentimiento similar al amor e implica la capacidad de sentir lo que siente otra persona, de experimentarlo y tener la voluntad de ayudarlo. Con una auténtica y contagiosa alegría, y su característico sentido del humor, el monje explicó que, a pesar de muchos supuestos, la ciencia y el budismo no son contradictorios.

NIño buda con pájaroHabló también sobre investigaciones científicas que soportan los beneficios de una mente entrenada en el sentido budista. Por ejemplo, mencionó estudios neurológicos que indican que el sistema inmunológico es severamente afectado por el enojo, el estrés, la tristeza y la ansiedad, tres estados anímicos que se reducen notablemente mediante la práctica de la compasión, la meditación y las prácticas psicológicas para el entrenamiento de la mente.

El Dalai Lama ejemplifica lo anterior refiriendo a un estudio que reveló que los centros cerebrales que se activan cuando una persona siente un dolor emocional, son los mismos que cuando una persona siente empatía por alguien más que está sufriendo.

La conclusión principal es precisamente que una mente entrenada hacia la compasión, la paz, el gozo y la felicidad — estado que según el Dalai Lama todos, sin excepción, buscamos— cambia de una manera comprobable la química del cerebro humano. Para él, esto supone un gran comienzo, dentro de una sociedad acostumbrada a pensar al cuerpo como un sistema independiente de la mente y a las emociones, y también porque representa la mejor excusa para desarrollar una impronta individual, y eventualmente cultural, a favor de la empatía.

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