¿Cómo usas tu Bien más preciado? El Tiempo

Como administrar tu tiempo - Escuela Aztlan

Tiempo de Oro o tiempo de plomo… nuestra percepción del tiempo cambia radicalmente según nuestro estado de ánimo. Cuando estamos entretenidos, enchufados con algo el tiempo se pasa muy rápido, casi sin que lo notemos. Por el contrario, si estamos aburridos o esperando ansiosamente el desenlace de algo, pareciera que las horas se hacen de plomo, y que transcurren con una pesada lentitud. Sea de Oro o de plomo, lo cierto es que en nuestra civilización la relación con el Tiempo es algo conflictiva y hasta inconsciente… Para los griegos la superioridad del tiempo que nos contiene en su seno y que a la vez nos marca el paso para el transcurrir en la escuela de la vida, los llevaba a considerarlo como una deidad, una entidad superior, lo llamaban Chronos.

El tiempo es muchas veces comparable a un fino polvo de oro que dejáramos caer distraídamente entre los dedos sin siquiera darnos cuenta. Bien utilizado, se convierte en la lanzadera que movemos entre los hilos de los días para tejer la tela de la vida.


Es, pues, esencial para la búsqueda de la felicidad tomar conciencia de que el tiempo es nuestro bien más precioso.


Sin causar perjuicio a nadie, hay que tener la fortaleza necesaria para no ceder a la vocecita que nos susurra que hagamos incesantes concesiones a las imposiciones prescindibles del sistema. ¿Te preguntaste cuántas de las actividades en las que dispensamos diariamente nuestro tiempo son realmente imprescindibles? Por ejemplo, estudios recientes arrojan cifras escalofriantes respecto a la cantidad de horas que gran porcentaje de la población pasa frente al televisor, un promedio de 3 horas diarias… ¿Por qué dudar en hacer tabla rasa de lo superfluo? ¿Qué ventaja tiene consagrarse a lo superficial y a lo inútil? Como dice Séneca: “No es que dispongamos de muy poco tiempo, es más bien que perdemos mucho”.

Frente a este precepto muchos pensaremos que es imposible hacer otro uso de nuestro tiempo. Pero la realidad nos demuestra lo contrario. ¿Cuánto tiempo del día usas para vos mismo? Los griegos clasificaban las 24 horas del día en 3 secciones de 8 horas cada una: 8 horas para dormir, 8 horas para trabajar y 8 horas para consagrar a la evolución de la consciencia. Hoy pareciera imposible cumplir con este esquema. Independientemente de las horas que trabajemos o durmamos, las excusas quedan cortas frente a la pregunta: ¿y qué tal si dedicáramos 1 hora del día a nuestro desarrollo interior? ¿No nos sentiríamos mejor con nosotros mismos?

La vida es corta. Si posponemos una y otra vez lo esencial para más adelante y nos dejamos atrapar por las presiones incoherentes de la sociedad, siempre perderemos. Los años o las horas que nos quedan por vivir son como una preciosa sustancia que se desmenuza fácilmente y no ofrece ninguna resistencia al despilfarro. Pese a su inmenso valor, el tiempo no sabe protegerse a sí mismo, como un niño que se deja llevar por cualquiera que lo coge de la mano.


El tiempo de oro es el que permite disfrutar plenamente del momento presente.


Para el enfoque Oriental la relación con el tiempo ha sido muy distinta. Partiendo de la idea de que consideran que el tiempo no se termina en una sola vida, sino que continua en otras existencias después de la muerte. Matthieu Ricard relata la siguiente anécdota:

“Recuerdo una visita por el sur de Francia con un grupo de monjes del monasterio donde vivo en Nepal. Unos jubilados jugaban a la bochas en una plaza. Me percaté de que uno de los monjes tenía lágrimas en los ojos. Se volvió hacia mí y dijo: “¡Juegan como niños!” En nuestro país, los ancianos que ya no trabajan, cuando se acerca la muerte, consagran su tiempo a la meditación y la reflexión.”

Percibir el tiempo como una experiencia penosa e insípida, sentir que, al final del día, al final de un año y al final de la vida, no hemos hecho nada pone de manifiesto la poca conciencia que tenemos del potencial de realización de que somos portadores. Podemos cambiar nuestra relación con el tiempo. Somos el tiempo. Podemos aceptarlo, respetarlo y a la vez usarlo, siempre y cuando desarrollemos las herramientas de nuestra consciencia para relacionarnos con él de una nueva manera.

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