El verdadero sentido de la filosofía.

En la Modernidad, el desarrollo del conocimiento  se ha dedicado principalmente a la tecnología, las ciencias técnicas, al desarrollo del comercio y a las ciencias conocidas como exactas, se ha dejado de lado el antiguo saber que siempre ha proporcionado respuestas a las preguntas propiamente humanas: ¿de dónde venimos? ¿qué es la vida?¿cuál es el sentido de la existencia?, etc. Estamos hablando de La Filosofía. La palabra filosofía nace con Pitágoras (filósofo y matemático griego) quien al preguntársele decía no ser un sabio (sophos), sino más bien un filósofo (philos-sophos): alguien que ama y aspira a la sabiduría (sophia).

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Durante este último tiempo se cree que la filosofía se limita a meras  deducciones o especulaciones intelectuales  sin ningún vínculo con los verdaderos problemas humanos y sin un sentido práctico de la vida. Las antiguas preguntas de la filosofía hoy cobran, frente a los acontecimientos críticos que plantea la modernidad, relevancia fundamental. Entonces el rescate de la esencia de la filosofía, el reencontrarnos con su verdadero sentido y llevar sus preguntas a nuestra consciencia aportará claridad a nuestra vida y comprensión de nuestras necesidades y anhelos más profundos como humanos.

La ciencia actual, transformada en muchos casos en mera tecnología, se enfoca en el uso práctico de la multiplicidad de objetos que ha creado a partir de la Era Industrial. La filosofía, en contraste con este enfoque, busca la razón de ser que tienen todas estas creaciones del hombre. Hoy estamos frente a una crisis en el abordaje del conocimiento. Vemos en todas las áreas del saber, siendo uno de los más claros ejemplos la medicina, una super especialización donde las partes se mantienen inconexas, olvidándonos así de que son un todo. La filosofía parte, como lo hacía en la Antigua Grecia, primero de una visión de la totalidad del conjunto, y luego del estudio de la relación de la parte con el todo. En Grecia el filósofo era a la vez científico, artista y hombre espiritual.

                          «La educación no debe ser condicionamiento, no debe volver al hombre más esclavo»

La palabra educación proviene del griego “educĕre”, que significa guiar, orientar, mostrar a otro cómo ecocerónxtraer la verdad de dentro de sí. En el Siglo XIX y XX la educación quedó reducida a informar, a partir de una extremista aplicación de las ideas de la Iluminación o Era de las Luces. Esta educación que aprendemos en colegios y Universidades se concentra especialmente en la adaptación del individuo a un sistema en el cual ya nadie cree, pero como relata el antiguo mito del Rey anciano enfermo, no quiere dejar su trono. Por lo que tiene a sus guardianes.

Este errado enfoque de la educación deja al ser humano moderno desconcertado totalmente en cuanto a metas y principios. Esto se traduce en falta de claridad para comprender los acontecimientos de su tiempo histórico, y el reflejo psicológico de esto es lo que en la psicología moderna se llama neurosis o complejos: un sometimiento a caprichosos estados emocionales fluctuantes de corta duración que aumentan con el bombardeo constante de la televisión, internet y las propagandas.

En la antigüedad, y cuando hablamos de antigüedad nos referimos a Grecia y otras grandes culturas que no mencionaremos en este ensayo, la figura del filósofo era la del EDUCADOR. Este educador tenía como misión FORMAR al individuo, no meramente informar. Aristóteles da un ejemplo de esto en Moral a Nicómaco, un libro dedicado a su hijo, que es el de enderezar el palo torcido. En este sentido tomaremos a Platón para explicar la anterior cita de Aristóteles: Enderezar el palo torcido es ajustar el propio sentimiento y pensamiento a la armonía de las Leyes de la Naturaleza.

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