La mirada Mapuche sobre las Enfermedades

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La sanación de las personas consiste en un restablecimiento de los equilibrios rotos; para ello se hace un rito llamado machitún, donde el o la machi (el curandero o chamán, con frecuencia una mujer) restablece el equilibrio psicológico y social mediante ritos de carácter simbólico, acompañado del restablecimiento del equilibrio físico, para el cual ofrece preparaciones con hierbas. Éstas pueden ser frotadas en el cuerpo, bebidas o colocadas como una manta.

Las machis son intérpretes de sueños (peuma), hacen diagnósticos de enfermedades, sanan enfermos, se comunican con los pillanes, viajan más allá de las fronteras en busca de respuestas, y son herboristas especializadas en plantas medicinales.

El calcu, la maldad, es lo que según la creencia mapuche provoca enfermedades, enemistades, desequilibrios y catástrofes naturales. Para restablecer los equilibrios se sacrifican animales, un toro negro o un animal de lana blanca, en caso de sequías por ejemplo; esto da ocasión a restablecer las relaciones sociales entre los hombres. El ritual o la ceremonia de comunicación con los pillanes (almas de los antepasados) se llama Nguillatún; para restablecer los equilibrios hay una etapa denominada Conchotún (de Concho, amigo íntimo, compadre), en la que las personas se hacen regalos, se abrazan, se dicen palabras bellas y se ofrecen alimentos mutuamente.

«La medicina chamánica, como la mapuche, es una medicina eminentemente energética. El hombre participa en un cosmos constituido por una inmensa red de fuerzas que dan vida y forma a todas las cosas y seres existentes, al tiempo que los conectan entre sí. En virtud de tales lazos, que incluyen a todos los fenómenos energéticos, el hombre será afectado por esas fuerzas cósmicas y puede a su vez afectarlas; puede influir sobre otros seres así como ellos pueden influir sobre él. A aquellas energías cósmicas que se caracterizan por su tendencia a perturbar y/o destruir el equilibrio e información de los sistemas energéticos biológicos las llamaremos, en forma genérica, energía wekufü. Este tipo de energía tiene la propiedad de poder ser concentrada y proyectada a distancia, así como también condensarse en forma sutil o grosera dentro de un ser vivo o una cosa. Ella puede ser irradiada por el pensamiento o emoción de un hombre (odio, ira, envidia, etc.), por un espíritu maligno, por el alma de un difunto irritada, por cualquier ser de cualidad wekufü, etc.

MachitunEsa energía disolvente, destructiva, perturbadora, al penetrar en un organismo biológico cuyo estado orgánico y funcional es armónico, es decir sano, provocará obviamente una ruptura de esa armonía, lo que provocará la enfermedad». (Aukanaw).

La machi, haciendo uso de su visión especial, ve el mal a través del cuerpo del paciente (acción denominada: rumekintun) y aún los puede llegar a oír.

Los procedimientos curativos mapuche seguían ciertas técnicas chamánicas que podemos encontrar en diversos puntos del globo:

Por succión de la región enferma, lo que en mapuche se designa como ülun. La terapia por succión no sólo es destinada a «enfermedades leves e incipientes» sino que también lo es, como acontece en la mayoría de los casos, para enfermedades graves.

Por masoterapia: sobando la zona enferma, con hierbas, emplastos o la mano desnuda.

Por operación quirúrgica de la zona en cuestión: punción, sajadura, escarificación, trepanación, ablación, etc.

Por transferencia hacia un mineral, vegetal o animal, que engendre una diferencia de potencial con respecto al medio interno del paciente, a fin de que el mal se materialice en él. Algunos chamanes poco escrupulosos transfieren la enfermedad a otro ser humano, poniendo por señuelo una prenda de vestir bonita o a un plato de comida bien sabrosa o a una bota con bebida alcohólica, y los colocan a la vera de un camino a fin de que un viandante desprevenido los tome o consuma. Como consecuencia de esto el viajero adquiere la enfermedad y el enfermo sana.

Por ligadura simpática de la enfermedad. Se toma un mechón de pelos del paciente junto con alguna secreción orgánica del mismo, ambas cosas colocadas en un soporte físico, rito mediante, y depositadas posteriormente en un lugar rewe (= puro, sagrado).

Aquí una descripción del procedimiento curativo, que utiliza la succión combinado con masoterapia y posterior transferencia, según las palabras de Manquilef: «La Machi descubre la parte dolorida, la frota con una porción de esas yerbas, le echa humo de tabaco que saca de una cachimba y por último, aplica allí la boca. Chupa a continuación en el punto fumigado y simula vómitos en un plato: se lleva la mano a la boca y muestra al espectador un gusano u otro cuerpo animal. Repite la extracción varias veces y efectúa una especie de masticación. En ocasiones arroja el cuerpo extraído al fuego o uno de los llankan (ayudantes del Machi) va corriendo a botarlo al río inmediato sin mirar para atrás. La acción esencial de sacar el maleficio con la boca se llama ülun«.

El idioma mapuche: el mapudungún

El pueblo mapuche siempre vivió en las costas de mares o lagos y en las riberas de los ríos, siempre cerca del agua; los pueblos del sur, antes de la conquista, sumaban más de un millón de hombres según las estimaciones. Nunca formaron pueblos o ciudades y al parecer eran bastante pacíficos entre ellos, aunque para la llegada de los españoles ya estaban preparados debido a las luchas contra los incas. Esto no dejó nunca de ser un importante factor de cohesión, que como veremos, no es el único. La paz entre ellos estaba asegurada por un intenso ir y venir entre fiestas e intercambios de productos. Navegaban mucho los ríos. Intercambiaban mujeres; se dice que este último es otro factor importante de cohesión y amistad.

Bengoa afirma de acuerdo a los antecedentes, que los mapuches cultivaban una especie de ley de cortesía que siempre fomentaba la amistad entre las agrupaciones. Es importantísimo destacar que el lenguaje mapuche (mapudungún) estaba muy difundido y era prácticamente el único en el sur de Chile; se dice que esta muy especial homogeneidad lingüística (especial porque es raro encontrar tanta homogeneidad de idioma en otras zonas no civilizadas (sin Estado) del planeta) sólo se explica por una continua comunicación entre el valle del Aconcagua y Chiloé.

Tenían un nombre para cada una de las lunas. 1: umen elicor cuyen: luna de las brumas 2: de las sombras y lluvias 3: de la cosecha de ancianos (por las muertes de ancianos en este mes lunar) 4: la que le sigue 5: primera luna buena 6: segunda luna buena 7: última luna (adaptado al calendario europeo) 8: primera luna (enero en el calendario europeo) 9: luna de la cosecha 10: luna de la cosecha de maíz 11: primera luna de la flor amarilla de la perdiz 12: segunda luna de la flor amarilla de la perdiz. Se sembraba y plantaba con luna creciente, lo mismo el pelo. Conocían muy bien la relación del mar con la luna. Tenían varios nombres para la lluvia, según su tipo, con agudeza. Hay en el mapudungún una lista considerable de palabras técnicas agrícolas.

Influencia Inca

La influencia inca se deja notar en algunas palabras y costumbres; el culto a las Huacas es una de ellas, propagada a través de toda la América indígena; la palabra auca es otra más, significa tanto guerra y guerrero como rebelde. Y sin embargo los araucanos no fueron un pueblo siempre en guerra como han querido pintarlo algunos historiadores; los restos arqueológicos no guardan restos de guerreros ni señales de ensalzamiento bélico. La capital inca en Chile fue Quillota, voz quechua; la más austral: Calera de Tango; más allá sólo pucaraes, fuertes que guardaban la frontera y protegían a los mitimaes, o colonias incas.

De los incas importaron probablemente la domesticación de animales, el conocimiento de las plantas cultivables y el sistema de trabajo mediante mingas. Las mitas (migración forzada y dirigida de hombres), sin embargo, no las importaron; esa palabra no existe en mapudungún. No concebían trabajar para un estado o simplemente para otros que no fueran sus amigos, su familia, o para devolver una mano.

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