Jung y los Arquetipos en el Tarot

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Las cartas del Tarot han sido objeto de diversos enfoques: el más común considera una mancia adivinatoria; el otro enfoque, por cierto más inquietante, lo considera como un lenguaje simbólico portador de un conocimiento psicológico y filosófico. La primera tendencia ha producido lamentablemente una vulgarización y se ha difundido básicamente como un medio para leer el futuro. La segunda, en nuestra época actual, considera al Tarot un Mapa de los procesos y circunstancias ante los cuales nos topamos los Seres Humanos en el viaje extraordinario por la Vida.

Un lenguaje para la expresión de ideas psicológicas.
Esta corriente, en nuestra época, fue impulsada principalmente, por el excepcional Psicólogo Carl Gustav Jung (1875-1961). Según Jung, el modelo que descubre el Tarot, no es otra cosa que el despliegue mismo de la vida anímica. Jung, quien no tenía prejuicios a la hora de encarar el conocimiento, investigó también la Alquimia, Astrología y el I-Ching. Fue él mismo el que tradujo conocimientos antiguos, redescubriendo que en la Psique humana existe un proceso autónomo, independiente de la época o lugar geográfico, que aspira a una meta, al que denominó proceso de INDIVIDUACIÓN.

Nuestro psiquismo se encuentra escindido, divido entre lo consciente y lo inconsciente, entre lo que conocemos y aquello que ignoramos. INDIVIDUACION se refiere a al proceso a través del cual se integran todas las polaridades, dualidades y contradicciones internas. Podemos acceder a un nuevo equilibrio, a través de los sabores y sinsabores de las experiencias humanas. Estas experiencias, de las cuales vamos aprendiendo, descubrió Jung que son Arquetípicas, se repiten en todas las épocas y culturas bajo ropajes distintos. Entonces, en el Tarot nos encontramos con estas experiencias claves o arquetípicas relatadas en un lenguaje visual, impactante y por cierto muy profundo. Estos arquetipos son entre otros, La Madre, EL Padre, El Amor, La Justicia, La Transformación , La crisis, el Sacrificio, etc.

El Filósofo y Matemático ruso Piotr Ouspensky (1878-1947), co-creador del Cuarto Camino, clasificó al tarot como ¨una máquina filosófica. Ouspensky se refirió al tarot como un ábaco filosófico, dijo:

¨es un instrumento para ejercitar la mente, para acostumbrarla a conceptos nuevos y más amplios, para pensar en un mundo de dimensiones superiores y para la comprensión de símbolos¨.

Y más aún el Tarot es una herramienta de guía y de Autoconocimiento, siempre que uno aprenda los conocimientos necesarios para leer su simbología. Por ejemplo, la carta que da inicio al mazo es EL LOCO. Veamos algunas de las características de su compleja simbología.

EL LOCO simboliza al individuo que carece de conciencia de sí como persona, es decir, que se encuentra en una fase de tal inmadurez e infantilismo que aún no ha alcanzado la etapa de desarrollo de la conciencia. Está fuera de todo orden y forma, y de cualquier ley que sea compatible con los demás. Puede ser neurótico, siempre moviéndose en círculo alrededor de su complejo, sin ir a parte alguna determinada. Es el eterno girar del individuo sin objetivo definido, sin una meta concreta.
Significa, movimiento, desplazamientos, viajes, cambios, pero de una manera inesperada, improvisada e imprevista. Persona que vive y disfruta el presente, que saca todo el jugo que puede a lo inmediato, sin importarle el daño que pueda causar.
Representa el espíritu del juego, caprichoso, andariego, con energía ilimitada, caminando sin cansancio por el universo sin meta conocida. Sin preocuparse por lo que ha de venir, incluso mira por encima del hombro. El Loco es ese impulso profundo del inconsciente que nos mueve a buscar.

El loco es solitario; su método, secreto, es un nómada enérgico, inmortal y presente en todas partes. Es el más poderoso de todos los Arcanos del Tarot. No tiene número fijo, es libre de viajar a su capricho, perturbando el orden en sus correrías. En cualquier juego (como el Bufón, o Joker) irrumpe inesperadamente creando un revuelo descomunal. El Loco tiene una conexión con la energía primaria del fuego y de su costumbre de bailar invisible en medio de la baraja, proveyendo de nuevo ímpetu a cada carta.

El Loco conecta dos mundos entre sí, el cotidiano y el de la imaginación, se mueve libremente entre ellos y también los confunde de vez en cuando. El Loco representa el idealista, ingenuo , jugado que se mueve guiado por sus instintos, lo cual a veces lo puede poner en peligro. Su curiosidad impulsiva nos conduce hacia sueños imposibles mientras que, al mismo tiempo su naturaleza juguetona nos devuelve al mundo fácil de nuestra infancia. Dado que es una parte de nosotros mismos separada de nuestro ego consciente, puede tendernos trampas mentales, como mínimo confundiendo nuestra lengua o provocándonos lapsus. A veces
sus bromas nos introducen en lugares donde nuestro ego nunca se hubiera atrevido a ir.

El Loco representa una parte de nosotros la cual inocente pero sabiendo lo que hace, se ve embarcada en la búsqueda del auto conocimiento. A través de el conoceremos experiencias que nos parecerán locas, pero que luego reconoceremos como cruciales para la confirmación de nuestras vidas.

 

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