Riesgos de vivir bajo Estrés ¿cómo evitarlo?

¿Falta de concentración? ¿Insomnio o fatiga? ¿Dificultad para tomar decisiones? Atención, puedes estar padeciendo de estrés.

El estrés o Stress, es la respuesta del organismo frente a algo que se percibe como amenaza. Cuando se convierte en un estado permanente se vuelve en un problema y trae consecuencias a nivel físico y mental.

Podemos considerar al estrés como el proceso que se pone en marcha cuando una persona percibe una situación o acontecimiento como amenazante o desbordante de sus recursos. A menudo los hechos que lo ponen en marcha son los que están relacionados con cambios, exigen del individuo un sobreesfuerzo y por tanto ponen en peligro su bienestar personal.

El estrés no siempre tiene consecuencias negativas, en ocasiones su presencia representa una excelente oportunidad para poner en marcha nuevos recursos personales, fortaleciéndonos e incrementando las posibilidades de éxito en ocasiones futuras.


Un mismo hecho no resulta igual de estresante para todas las personas, ni siquiera en todas las circunstancias o momentos de la vida para el mismo sujeto.


¿Por qué nos estresamos?

Mucha gente asocia el estrés a una etapa en la que se tiene mucho trabajo o demasiados frentes abiertos; sin embargo, este estado puede experimentarse también cuando tienes pocas ocupaciones, pero las percibes como amenazantes o angustiosas.


Estrés, es una respuesta que aparece no sólo por exceso de tareas, sino por déficit de herramientas para afrontar los desafíos (tiempo disponible, aptitudes, conocimientos, motivación, etc.)


El estrés tiene un componente psicológico determinante. De hecho, puedes llegar a pasarlo mal tanto si el suceso que te estresa es real como si es imaginado (“sólo de pensar en todo lo que tengo que hacer, me agobio”).

Basta con que percibas el entorno como peligroso o asfixiante para que respondas con estrés, aunque visto desde fuera, o de forma objetiva, se compruebe que cuentas con los medios necesarios para enfrentarte a ello. Si tú crees que no eres capaz, tiendes a bloquearte y angustiarte.

Esto viene a confirmar la teoría de que no es tan importante lo que te pasa, como lo que haces con lo que te pasa. De ahí que sea más productivo poner el foco en cómo afrontar los problemas (ocuparse), más que en las contrariedades en sí.

Consecuencias en nuestra salud

El estrés inhibe factores de crecimiento, minimiza la descarga de energía y afecta la respuesta inflamatoria y el sistema inmunitario. También estimula el dolor o una sensación de malestar y la fatiga crónica. El estrés agudo puede agravar el asma, los eccemas, la migraña, los problemas gastrointestinales, los problemas para dormir y el envejecimiento prematuro. La gente estresada crónicamente es más susceptible a las infecciones y a las enfermedades autoinmunes.

¿Cuáles son los antídotos para el estrés?

Existen determinadas características que pueden protegerte del estrés:

  • La capacidad de comprometerte con lo que haces y creer que los resultados en gran medida dependen de tus acciones.
  • Reconocer y confíar en tus valores, metas y prioridades y apreciar tu propia capacidad.
  • Sostener una cosmovisión o visión global, por ejemplo ver la vida como una Escuela, minimiza la sensación de amenaza ante ciertos acontecimientos y permite verlos como una oportunidad para el crecimiento personal.
  • Ser flexibles, no ser rígidos con los propios planes.
  • El Sentido de la existencia basado en una visión espiritual son fundamentales a la hora de que el sujeto atribuya significados y sobre todo para no perder el Norte en situaciones difíciles.

Ante todo necesitamos un cambio total en nuestra forma de encarar los desafíos de la vida diaria. Si partimos de un estado mental inarmónico, si vivimos en estado de alerta, cualquier pequeño problema nos afectará. En este estado permanente, se hace imposible disfrutar del diario vivir y a la vez nuestras respuestas frente a los verdaderos problemas se vuelven exacerbadas o inadecuadas.


El cambio antedicho, vendrá a través de nuevas herramientas que nos permitan manejar las situaciones sin alterarnos, a través del el estudio de la mente, desde un enfoque holístico, como la psicología de Jung o las prácticas para el desarrollo interior del Cuarto Camino de Gurdjieff. Así como prácticas contemplativas como la meditación permiten desarrollar en nosotros mismos una combinación de fuerza y flexibilidad a la vez para encarar las situaciones diarias sin colapsar en el intento.

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